Las generaciones jóvenes viven peor que sus progenitores

abril 21, 2026

Hoy nos hacemos eco del artículo «Echar raíces en tiempo de sequía: el desafío de la juventud ante la fractura del pacto social», del coordinador del IX Informe FOESSA. En él, explica que hoy tenemos a la juventud más preparada de nuestra historia, pero vive peor que sus progenitores. Millones de jóvenes viven atrapados en una estructura de precariedad, causada por la Gran Recesión de 2008, la crisis de la COVID-19 y la inflación siguiente. Estas generaciones arrastran pérdidas salariales y lagunas de cotización que les acompañan durante muchos años. La exclusión severa afecta ya al 11%, una cifra que casi se ha duplicado desde 2007. 

En este sentido, destaca la dificultad para acceder a la vivienda. La edad media de emancipación en España se estima en 30,3 años. Además, los alquileres absorben más del 60% de sus ingresos netos. Como consecuencia, se pospone la formación de núcleos propios y, por ende, la natalidad se desploma. El experto, además, indica que la pobreza y la exclusión se heredan, sin que el sistema educativo, y otras esferas del estado de bienestar, logren compensar las desigualdades de origen.

Estrategias para fomentar la esperanza

El artículo propone estrategias para la reconstrucción de la comunidad en tiempos de individualismo y fragmentación.

En primer lugar, anima a sanar la brecha con espacios de encuentro intergeneracional donde confluyan las experiencias de las distintas etapas vitales. Por otro lado, propone reconstruir el tejido comunitario, donde las comunidades actúen como colchones de resiliencia colectiva (desde las plazas, centros sociales, parroquias…). Además, apuesta por eliminar el estigma ante las personas con dificultades y ofrecer apoyo mutuo, por ejemplo, desde las redes de cuidados comunitarios.

Como conclusión final, el diagnóstico elaborado por FOESSA ofrece un punto de partida de cuidado y comprensión hacia las generaciones jóvenes. Necesitamos políticas que pinchen la burbuja de la desesperanza y comunidades que abracen la fragilidad. Una sociedad que no cuida a su juventud es una sociedad que está hipotecando su futuro.

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